miércoles, 23 de marzo de 2011

Había una vez

Había una vez una persona a la que no le importaba amar. No le daba miedo amar. Parecía muy pesimista pensar que el amor era aquella farsa de la que otros hablaban, que era aquel drama en los que muchos se encontraban. No, no podía ser así. El amor era como lo escribían: bello. Siempre ganaba. Así que no le daba miedo, lo hacía y ya.

Tomando como escuela los libros, la televisión, las historias felices; se dedicó a dar amor a diestra y siniestra. A repartirlo tal como lo entendía, como lo creía.

Y bueno, se imaginan como terminó, ¿no?

Pues mal.

lunes, 7 de marzo de 2011

Declaración

Esa noche el viento acariciaba las copas de los árboles y la hierba del jardín. Yo miraba por la ventana y me preocupaba por los pétalos de las flores, pues sabía que se irían con el viento a donde nadie pudiera apreciar su belleza. Este y otros pensamientos corrían por mi cabeza cuando te oí toser, y me acerqué a tu cama para darme cuenta de que aún no morías.

El movimiento sutil de mi cuerpo te despertó y me miraste con esos ojos tristes, ojos de fiebre, de moribundo que no acaba de irse. Trataste de hablar pero no podías: llevabas días sin poder.

Desde el día que llegué a tu casa para cuidarte no supe qué decir. Todas las personas que te visitaron mientras yo estaba ahí hablaban con tu cuerpo inerte, lloraban, te decían cosas lindas, te daban ánimos. Pero yo no. No porque no lo sintiera sino porque no podía expresarlo. No podía expresar el sentimiento encontrado que me producía tu enfermedad: miedo a perderte, una ligera satisfacción por que eso pasara, un terror al darme cuenta de que no te extrañaría como los demás y un deseo incontrolable de mantenerte a mi lado. Pero no así; no atado a esa cama, a ese tanque de oxígeno, a esa dieta de pollo cocido y arroz.

Me miraste como si no pudieras reconocerme: miraste mi vestido violeta y mi peinado estirado. Miraste mis labios y mis ojos y supe que te gustaba como siempre te había gustado. Pero yo no quería gustarte. Esa idea me había incomodado toda la vida, desde que teníamos 12 años y corríamos por la casa del tío Raúl y tú me tocaste. En ese momento no podía entender por qué ahora que estábamos creciendo tú me deseabas si yo simplemente te quería como lo que eras: mi primo, hijo de mi tía, sobrino de mi madre. Pero pasaron los años y seguimos riendo y llorando juntos hasta que yo cedí y dejé que cumplieras el sueño de tu tardía infancia, y tú fuiste tierno y duro, me besaste y me mordiste y me arrancaste de la inocencia con fuerza y dolor, y yo me enamoré de ti, pero tú no te enamoraste de mi.

Teníamos 17 años y yo era una mujer tonta y enamorada. Te dejaba fantasear, tocar y experimentar a mi lado y en secreto pensaba en que algún día aceptarías que nos amábamos sin importar los lazos de sangre. Pero nunca lo aceptaste, quizá en realidad nunca me amaste. Poco tiempo después viniste a la Ciudad a estudiar y yo me quedé en la Hacienda y después me casé con Pancho y tuve a Joaquina y a Manuel. ¡Qué difícil era todo! Ahora mis hijos tienen sus propios hijos, Pancho murió y yo envejecí, pero seguía riendo a tu lado y llorando a tu lado. Lamento mucho que las cosas no funcionaran con tu mujer, lamento mucho que con toda tu alegría te quedaras solo en esta enorme casa con jardín que pudo haber sido de nuestros propios hijos, pues yo me hubiera quedado siempre a tu lado, a pesar de tu alcoholismo y de tus arranques de mal humor porque se te iba pudriendo el cuerpo y tú no podías detenerlo. Me hubiera quedado siempre contigo así como estaba en ese momento cuando me habló mi mamá y me dijo que ella no podía cuidarte, que sus achaques, que su propia enfermedad, que si no se qué tantas cosas más. Así que vine y empecé a cuidarte día a día, sin saber qué decirte y a agradecer que tú ya no pudieras hablar porque quién sabe qué me hubieras dicho.

Mientras me mirabas vi en tus ojos el antiguo deseo; el de tus doce años con tu cambio de voz y tu cuerpo largo y feo; el deseo con que me miraste los pechos que apenas iban creciendo, el de tu mano grosera adentro de mi vestido; el deseo que tanto me aterró y me fascinó, el que me persiguió por tantos años; los ojos que extrañé en la primera noche que pasé con Pancho.

No me quedaba otra opción: cerré la manija del tanque de oxígeno y esperé.

Caracol

Soy un caracol. Tengo una habilidad extraordinaria para meterme en mi caparazón y quedarme ahí si el entorno no me gusta. Me hago bolita y nadie entra, nadie. Me quedo solita en mi confortable hogar en el que nada más quepo yo.

No sé si eso está bien. No sé si deba salir al mundo y arrastrarme por ahí en compañía de otros animales. Me siento bien en mi cocha. Está cómodo. Nada más que, está muy solo.

martes, 1 de marzo de 2011

Adiós mes dos.

Febrero fue bastante agitado para mí ya que el sábado 26 tuve el examen de la UNAM para el cual desgraciadamente estudié muy poco. Durante todo el mes me encontré bajo grandes cantidades de estrés y nervios y el mismo sábado tomé la decisión de no volver a repetir esta experiencia, independientemente del resultado que obtendré el 27 de marzo.

Así mismo, este mes estará marcado en mi memoria como uno de los más extraños con respecto a mis pensamientos. En este momento no puedo explicar exactamente todo lo que enturbió mi cabeza, pues como estuve muy ocupada aún no logro desenmarañar el enredo de ideas que quedaron plantadas como semillas (que pueden convertirse en hierbajos o en grandes árboles) dentro de mis profundidades cerebrales.

Otra cosa que me hará recordar este mes fue mi rara decisión de cortarme el cabello y, aunque estoy conforme con el resultado, extraño demasiado mi larga cabellera. De tenerlo a la cintura pasé a tenerlo apenas unos centímetros arriba del cráneo y sinceramente pienso que perdí lo poco femenina que antes era, pues aunque me ponga aretes cada que me veo al espejo lo único que pienso es que parezco un niño muy extraño. Sí, es otra de esas cosas que hago que de repente acarrean un poco de arrepentimiento, pero de cualquier manera es solo cabello y va a volver a crecer y quizá hasta en mejores condiciones de lo que estaba antes. Así me pasa. Un día estoy de lo más tranquila y al otro ya hice una locura sin pies ni cabeza, fruto de una determinación tomada con demasiada fuerza (como cortarme todo el pelo solo porque no encontré una liga una mañana).

También pasó que me peleé con un amigo. La verdad es que me parece increíble que se enamore perdidamente en cuestión de una semana y me molesta que no pare de publicar en todas las redes sociales que existen que su vida es lo mejor hasta que conoció a esta mujer y que la ama como a nadie nunca en su vida. No. No es cierto. Las personas pasionales no nos enamoramos así. Las personas pasionales creemos enamorarnos, pero no es así. Los amores tan intensos terminan en tremendas tragedias. Siento que él lo debería saber. Me molesta que no lo sepa. En verdad deseo que no se equivoque, en verdad deseo que no sufra.

Me di cuenta de que este mes mi tolerancia estuvo a flor de piel. Pero desde el momento en que salí del examen de la UNAM decidí bajarle al mal humor y relajarme un poco.

Fuera de todos mis conflictos mentales y etcéteras, quiero mencionar que este mes fue marcado en la historia de la chora por Joaquín López Dóriga y su entrevista a Anthony Hopkins. ¿juay dis film? ¿juay de rito?

Tuits en el mes: 1,543

Se habló mucho de: El supuesto alcoholismo del Presidente Felipe Calderón. TT durante una semana y después dejado en el olvido.

No me moví mucho en Internet, ni escuché mucha música. Pero encontré este video de un gatito filmado con una cámara Phantom HD. Me encantó la música, la realización, la edición y todo. Lo mejor es que demuestra mi teoría de que sí, los gatos pueden tener unas garras impresionantes, pero cuando quieren a su dueño no lo rasguñan. Acá lo pueden ver: Video del gatito

Este mes tampoco cumplí mi objetivo: estudiar mucho para el examen de la UNAM. #Fail. Creo que tengo que dejar de ponerme objetivos, o voy a terminar muy decepcionada de mi.